MH VI

Creo que tuve suerte con mi novio. el mismo del que ya hablé. Permaneció a mi lado los cuatro primeros años de mi enfermedad. Sin duda los peores. Pero su presencia fue vital para mí. Como si me diera un motivo para recuperarme. Y curiosamente, cuando me dejó, pensé lo mismo, sólo que entonces el motivo fui yo, sólo yo. Como siempre, Dios cambiando las ideas: entonces pensé -y lo mantengo ahora-, que era lógico que mi novio me dejara. Teníamos veintipico años. Yo no salía mucho. Él, como es normal a esa edad, si. Y conoció otra, una que le daría  una vida como siempre soñó. Y repito:  todo esto me lo creo y lo acepto. ¡De veras! Y creo a pies juntillas que todo va bien. Gracias a Dios, claro.