Si bien es cierto que la desgracia, unas veces provocada y otras totalmente inesperada, está siempre al acecho, no es menos cierto que la felicidad también lo puede estar. La gran diferencia está en que esta última SIEMPRE podemos provocarla. ¡¡A veeer!! No digo tonterías, no. Lo que pasa es que me refiero a la felicidad en pequeño, esa que se escribe en minúsculas -cuando se escribe, claro-  pero que nos ofrece unos resultados mayúsculos. Ésa es la buena, porque como esperemos la otra, nos  podemos sentar y ¿Quién sabe si nos levantaremos? Porque tal y como está el   patio, no sé yo…Per la otra es genial, igual de buena y, gracias a la fuerza que Dios nos da, que viene siempre  cargadita de dosis de alegría, la podemos ofrecer fácilmente  a todo el mundo, especialmente a quienes más la necesiten..

¿Y cómo obtengo yo esas fuerzas? Tú pídeselo…