Mi Historia I y II

Aquí empieza mi historia

Cómo hace tanto que escribí esto – 5 meses-  os lo vuelvo a mandar, pues tengo intención de retomar de nuevo mi historia. Y quiero que recordéis bien el principio.

 

Hasta los 22 años estuve  físicamente bien. Mentalmente mi Fe religiosa se asentaba en una enseñanza desde niña del catolicismo, una Primera Comunión que casi ni recuerdo, una posterior adolescencia muy alocada -yendo a misa y poco más- y una Confirmación donde creo haber tenido mi primer contacto con El Espíritu Santo,  pero que olvidé rápidamente. Recuerdo haberme arrodillado ante el entonces obispo, y cuando él me bendijo noté como un escalofrío, pero agradable, que entraba en mi cuerpo. El Señor me llamaba, pero yo, tonta de mí, le dejé escapar y preferí continuar con mi vida habitual, es decir, un derroche total de tiempo ocupado al cien por cien en deleites mundanos. Quiero destacar algo importante: Dios ya me había localizado. Quería algo de mí pero yo me hice la loca, ni me enteraba. Mí último novio -allá por los 20 años-  profetizó sin buscarlo una gran verdad: y es que nadie sabe lo que pueda ocurrir. Sólo Dios. Yo le dije que como todo nos iba muy bien, acabaríamos los estudios, nos casaríamos, tendríamos hijos, seríamos felices y comeríamos perdices. El me dijo que no adelantara acontecimientos porque nuestro futuro no está  en nuestras manos. ¡Cuánta razón tenía! Faltaba muy poco para que todo cambiase.

Y actualmente, sólo muy actualmente,  diría que para mejor.

 

…Actualmente, claro.

Porque no creo que entonces pensara lo mismo. Bueno, de hecho,  no creo que los primeros años tuviese tiempo –ni fuerzas-  para pensar nada ya que debía recuperarme a marchas forzadas, que me quedé hecha un higo. Fue todo tan repentino que ni me di cuenta. Sólo recuerdo hechos puntuales, momentos lúcidos en que notaba que todo era distinto. Y no me gustaba. ¿Y entonces cómo sé todo esto? ¿Cómo puedo decir que fue un cambio para mejor? Porque lo fue. Ahora lo sé  Pero ¿Cómo? Pues por algo que ya conocéis: mis escritos. Digo yo ¿Cómo podía escribir unos pensamientos tan razonados, tan positivos, cuando mi mente estaba tan borrosa?  ¿Cómo? Pues yo lo tengo muy claro. Fue Dios quien me ayudó a escribir. Él me dio las fuerzas que entonces no tenía. Y esto lo digo sencillamente porque no se me ocurre otra explicación, ¡Ah! Y además lo sé porque escribí que Dios  me estaba ayudando. Pero os prometo que no lo consigo evocar.