…durante….

la segunda conclusión

Hoy es 25 de febrero de 2010. Han pasado muchas, muchas cosas que no han hecho sino reafirmar mi fe y estar SEGURA –que no sólo convencida- de que, como ya dije al principio, Dios ha estado y está siempre a mi lado.

Hace año y medio empecé a hacer las catequesis del Camino Neocatecumenal aconsejada por un buen amigo a quien nunca estaré suficientemente agradecida, y ahora formo parte de una comunidad de personas de muy distintas edades, pero con una única idea: amar a Dios.

Creo que encontrar a estos hermanos, compartir experiencias con ellos, saber que cuando todos estamos leyendo La Biblia y escuchando la palabra del Señor, estamos sintiendo una misma paz. Es algo que, sólo de pensarlo, me da un cosquilleo por la tripa…¡uff! Es justo lo que yo aconsejaba. Y si yo creía firmemente que esa paz podía encontrarla yo sola- y te prometo que era cierto-, imagina encontrarla con muchas personas a la vez. Es el no va más. Y lo mejor es que lo hacemos varias veces por semana, cantamos a Dios, leemos a Dios, rezamos a Dios, vivimos a Dios.

 

 

 

Antes del Camino

He aquí la conclusión que hice de mis escritos

 

Hace muchos años que empecé a escribir esto, y hoy estoy totalmente convencida de todo lo que he dicho, palabra por palabra. Sigo poniendo en práctica todos mis consejos, y por supuesto sigo aprendiendo de ellos, y mi largo aprendizaje –que no siempre es un camino de rosas- va avanzado despacio, y a medida que comprendo las cosas, la vida sigue, unos días mejor, otros peor, pero siempre hacia delante. Intento no quejarme demasiado, primero porque creo que no tengo derecho, y segundo porque sé que Dios está a mi lado, y me ayuda a cumplir todos esos consejos que te estoy dando. Y ¿sabes que te digo? Que Dios también está al tuyo, tú sólo mira…

Meditar

Ayer, como todos los domingos de fin de mes, tuve una convivencia con mi grupo neocatecumenal. Como siempre, nada más llegar rezamos laudes.  En el momento de la meditación, no sé los demás -espero que también-,pero yo desde luego siento que Dios está ahí en medio, sentadito, escuchánd0onos. Como a les escribas del templo. Sólo que ahora somos tú y yo y…

Donde hay dos o  más rezando por mí, ahí estoy yo.

Pues si,  ahí está Él,  y sé que me mira con dulzura.

¡Y es que es tan bueno!

La salvación está cerca

La salvación está ya cerca de sus fieles/ y la gloria habitará en nuestra tierra;/ la misericordia y la fidelidad se encuentran,/ la justicia y la paz se besan.

 

Este extracto del salmo 84  me viene como anillo al dedo: Para mí, mi «salvación» ya llegó, y me renovó de tal modo, que siento la gloria habitar en mi corazón. Fe y misericordia se unen en Cristo. Justicia y Paz ya se besan en mis  sueños, y cuando despierta lo descubra, mi felicidad -y la tuya, hermano- será completa.

Disculpad. Demasiado tiempo. Me fui de puente. Eso, los preparativos previos y el cansancio del viaje, no me dejaron escribir.

Pero volví.

Mi estad0 actual

Desde que me levanto hasta que me acuesto encuentro mil motivos para estar bien: para empezar bien el día, doy gracias a Dios por estar viva. Puede llegar a parecer para algunos un eufemismo si se vive en lugares tranquilos, pero   piensa en un país en donde estar vivo es una  proeza. Yo desde luego no        me encuentro entre esos algunos, porque sé que si estamos vivos es únicamente porque Dios quiere.

Bien, aclarado esto, sigo.

Después de ese agradecimiento,  hago cosas normales, siempre de acuerdo con mis limitaciones, que son unas cuantas. Pero ahora empieza lo bueno: todo, todo, todo, es motivo de alegría. Todo. Lógicamente ver cosas tristes, igual que a cualquier persona, me entristece. La diferencia es que todo lo demás, sin ser más que normal, me ilusiona. Como he estado tan chunga, todas esas cosas que antes no podía hacer -coger un vaso con agua, acercarlo a mi boca y beberlo–, ahora me maravillan.  Y no sólo eso, sino que me está ocurriendo algo increíble. Todas las maravillas que ha hecho Dios, me fascinan. Hasta tal punto que descubro un nuevo mundo en cosas que llevan aquí desde siempre: miro una planta que lleva en mi casa desde antes de nacer yo, y por lo tanto veo cada día, y sin embargo , al haberle salido una hoja nueva, eso me conmueve de tal modo que se convierte en nueva creación… ¡Ojo que yo no soy ninguna apasionada de las plantas, porque los que lo son, flipan con ellas; yo puedo alegrarme, pero es que ahora lo  veo como un  milagro. Que es lo que es. Como todo. Lo que pasa es que tratándose de cosas habituales, estamos tan acostumbrados que juzgamos lógica su presencia. Pero yo tengo la gran suerte de CREER en ese milagro y además poder disfrutarlo. Por eso -repito-  desde que me levanto hasta que me acuesto  vivo cada momento con alegría, incluso aquéllos que son tristes, Dios los aparta rápido de mi mente. Y sabes por qué? Pues porque todas las cosas tristes que está en mi mano el poder evitarlas, así lo hago. Y claro el Señor me está premiando.

Y mira que tengo motivos para YO estar triste. Pues ahora mismo, ni una pizca. Cero. ¡Qué grande es el Señor!

 

La señora Pepita

Hoy os voy a contar una historia que leí, hace muchos años, y que nos enseña a SABER ser felices…

 

La señora Pepita, una ancianita bien equilibrada y orgullosa de tener 92 años de edad, estaba completamente lista como cada mañana a las 8 en punto, con su cabello bien peinado y un maquillaje perfectamente aplicado pese a ser casi ciega, dispuesta a mudarse hoy a un asilo de ancianos. El que había sido su marido durante 70 años había muerto, lo que hacía necesario el traslado. Después de muchas horas de esperar pacientemente en la recepción del asilo de ancianos, ella sonrió dulcemente cuando le comunicaron que su habitación ya estaba lista. Mientras ella maniobraba su andador, yo le daba una descripción detallada de su pequeño cuarto, incluyendo las sábanas y cortinas que habían sido colgadas en su ventana “¡Me encantan!”, dijo ella con el entusiasmo de un chiquillo de 8 años al que acaban de mostrar un juguete nuevo. “Pero Sra. Pepita, si usted aún no ha visto el cuarto. . . . espere.” “Eso no tiene nada que ver”, dijo ella. «La felicidad es algo que uno decide con anticipación. El hecho de que me guste mi cuarto o no me guste, no depende de cómo esté arreglado el lugar, depende de cómo yo arregle mi mente. Ya había decidido de antemano que me encantaría. Es una decisión que tomo cada mañana al levantarme. Estas son mis posibilidades: puedo pasarme el día en la cama enumerando las dificultades que tengo con las partes de mi cuerpo que ya no funcionan, o puedo levantarme de la cama y dar gracias por las que si funcionan. Cada día es un regalo, y por el tiempo que mis ojos se abran me centraré en el nuevo día y en las memorias felices que he guardado en mi mente.”

¿A que la idea de Doña Pepita no está mal?

 

CARTITA

Como dije en el último blog, a veces me siento muuuuuuuuy mal. Por eso, me he escrito una carta,  que pienso imprimir y dar a mi madre con el encargo de que me la haga leer en mis momentos bajos. Y cuando la he releído, he pensado: ¿Y si esta carta sirviera a muchas personas  que, igual que yo, se sientan ¡pof! de vez en cuando?

Dicho y hecho. Os transcribo la carta,, imprimidla, o bien   haceros una similar y…¡SUERTE!

¡¡TODO LO QUE PIENSO AHORA ES MENTIRA!!

Cuando me encuentre mal tengo que leer esto. ¡en serio, todo lo que digo es cierto!

Por muy chunga /o que me encuentre, me voy a poner bien. ¡¡me lo tengo que creer!! ¡¡me lo tengo que creer!! ¡¡me lo tengo que creer!!

Siempre me ocurre esto. Me pongo mal, y ya creo que no voy a salir. ¡pero es mentira!

Si no, ¿por qué iba a escribir esto?

Cuando estoy bien, el mundo es maravilloso. Alomejor no lo es de verdad verdadera, pero el secreto de todo está en que

En este mundo traidor

Nada  es verdad ni es mentira

Todo es según el color

Del cristal con que se mira

            Y esto es una verdad como una casa porque aunque hay muchas cosas que van muy mal, mi visión del mundo es la que yo me monto. Y encima tengo a Dios que me ayuda. Siempre siempre siempre. Aunque yo ahora me sienta abandonada, es una falsa sensación. Lo que pasa es que ahora estoy en un mal momento y no puedo pensar en positivo. Precisamente por eso escribo esto.

Ahora estoy chachi y quiero escribir unas cuantas cosas de las millones de cosas que tengo para poder estar bien: la fundamental es que Dios me ama. Otras serian que soy una persona privilegiada por vivir en un país sin guerra, porque tengo unos amigos fantásticos que me quieren, y la principal:

¡¡PORQUE YO LO VALGO!!

 

Gracias

Estoy tan feliz, tanto, que me he levantado pronto para que me dé tiempo a escribir esto. ¿Y por qué tengo tanta prisa? Pues es muy sencillo: sé que en cualquier momento puedo volver a sentirme mal, angustiada, triste, incluso me ha ocurrido alguna vez sentirme descreída, falta de cualquier amor, incluso el  de Dios. Y  claro, escribir esto me sería imposible. Pero como yo sé perfectamente que todo eso es falso, que es tan sólo un mal rato que se inventa mi cerebro, pues lo escribo ahora. Bueno, totalmente falso no es, si sufro no es porque sí, no. Es porque Jesús también padeció,  y si quiero parecerme a Él en todo lo bueno que tuvo, tiene y tendrá siempre, también es mi obligación -creo- compartir sus malos ratos, sobretodo sabiendo que se terminan, para dar lugar a tiempos tan maravillosos como el que estoy viviendo ahora. El Señor bien sabe que siempre he sufrido por los que lo pasan tan mal y me consta que soy una pecadora, y fíjate, a pesar de ello,  me regala estos momentos de paz, dentro de una situación difícil en mi vida como es la muerte de mi padre…

Por todo esto quiero decir que doy gracias a Dios por ser tan bueno conmigo. Y estoy segura de que también te puede pasar a ti, siempre y cuando te aceptes tal y como eres, por tanto te quieras y quieras a los demás de igual forma. Todo esto lleva su tiempo , pero  un truco es empezar al revés. Quieres a los demás, descubres que eso es agradable y te quieres. Entonces, casi sin darte cuenta, te aceptas. Todo esto me ha pasado a mí, osea que no me lo invento. Y he tardado ¡eh!…pero llegó. Llegó.

 

Nuestro milagro

CONVIRTIÓ EL AGUA EN VINO

EL MILAGRO GRANDE

¿Y nosotros? ¿podremos hacer algo así? Bueno, él convirtió. Nosotros también queremos convertir. A PERSONAS CLARO. Pero, yo por lo menos, veo la similitud: Él convirtió agua en vino, nosotros intentaremos convertir corazones vacíos, transparentes como el agua, en corazones ardiendo de amor,  con llamas de fuego encendido, rebosando de alegría, como el vino.

¿A que es un parecido razonable, como dicen las revistas? Pues intentarlo, creo, es otro pasito para llegar al cielo. Así que…