y III

Aquí va la tercera y última parte de mi escrito sobre la paciencia. Me encanta descubrir que ahora pienso exactamente del mismo modo que hace más de veinte años. O¿ quién sabe ? Tal vez Dios me quería ayudar inspirándome-como yo creo- para escribir estas palabras y que siempre las cumpliera, siguiendo sus propuestas de amor y humildad.

Pero por favor, no creáis que yo creo haber alcanzado estas virtudes. No. Las aconsejo. Si bien es fácil predicar con el ejemplo, no es ese mi caso ¡ojalá lo fuera! Yo tan sólo predico con el ejemplo de Dios. De lo que estoy segura  es que es un ejemplo a seguir -y Dios quiera que para vosotros también-, y por ahora, para mí, eso es lo que es: el mejor ejemplo.

Qué piensas que es mejor, un momento de discusión que vuelva a repetirse día tras día y que cada vez te resulte más difícil de controlar, y  probablemente el día menos pensado te haga estallar, o bien un intento de buscar la paz a través del diálogo, o si éste parece casi imposible, a través de su contrario, el silencio? Te doy mi palabra de que funciona, de que no te convierte en una persona más débil, sino, muy al contrario, en alguien mucho más sensato, infinitamente más fuerte y desde luego, mucho más feliz ¿No es la felicidad lo que todo el mundo busca? ¡Pues fíjate qué manera más fácil de empezar a encontrarla!