En su lugar

 

En un interesantísimo libro «Orar con…La vida de los santos» (edit.Desclée de Brouwer)hablan de algo por muchos conocido, pero otorgándole un nombre, por lo menos para mí, totalmente nuevo. Hablo del SUFRIMIENTO VICARIO. Es esta última palabra la que me sorprendió. El susodicho sufrimiento es-dice la iglesia- el sufrimiento expiatorio por otras personas, a quienes sus pecados serán perdonados y serán convertidos. Así el envidiable Padre Pío asumía, con increíble con fuerte pasión -palabras suyas- el sufrimiento de las almas del purgatorio a cambio su perdón.

¿Quién no ha deseado alguna vez ponerse en el lugar de alguna persona querida que está sufriendo, y «sentir como propio» su dolor? Por eso digo al principio que todos conocemos esto. Y me atrevo a decir que de manera similar al Santo, ya que él de veras -como nosotros- quería a esas personas por quienes se había ofrecido a sufrir. Hasta aquí el paralelismo. Porque claro, sufrir por quien ni tan siquiera conoces…¡pues va a ser que no, creo yo! Pero no me digáis que no es admirable lo que hizo el Padre Pío. ¡Qué amor tan infinito debió albergar en su corazón! Dios concédeme, no ya ser como él, sino desear ser tan santo y amar tanto a TODOS,  que pueda llegar a pensar  como él.

Felicidades, papi

Hoy llamó en persona el Ministro de Cultura para decir que, dentro de un mes exactamente, le van a imponer a papá La Gran Cruz de Alfonso X el sabio.

Aunque está claro que la humildad será siempre una gran virtud, tanto aquí abajo como allí arriba, no es menos cierto que otra gran virtud es la alegría. Y estoy convencida de que hoy es un día alegre en el cielo. Sobre todo porque precisamente una de las personas más humildes que yo conozco va a recibir un mérito súper merecido -y valga la redundancia- que causará muchísima alegría.

Doy gracias a Dios, porque Él, como siempre, como en todo, es el artífice.

¿Tan lejos, o tan cerca?

Ayer una de las lecturas me proporcionó una nueva  visión de la vida: nos recordaba cómo el Señor nos da siempre la esperanza de nuestra resurrección, y  no sólo con la resurrección de Jesús, que algunos ven tan lejana, que su fe se tambalea. Pues a esos yo les diría que mirasen bien porque no sólo no está lejos, sino que con cada día que pasa, cuando la jornada muere al llegar la noche, lo hace para renacer a la mañana siguiente. O cuando la semilla se descompone y muere, plantada bajo la tierra, es para renacer y dar vida, no sólo a otra semilla sino a muchas, que darán hermosos frutos.

Nunca me hicieron falta estas preciosas semejanzas para confiar en mi vida eterna, pero me han sorprendido gratamente por su verdad escondida, que a aquellos de quienes antes hablé, quizás pueda ayudar.

Motivos de alegría

Carta de San Pablo  a los Filipenses, capítulo 4

«Alegraos siempre en el Señor…Estad alegres. Que todo el mundo os conozca  por vuestra bondad. El Señor está cerca. No os inquietéis por nada, sino más bien…..presentad al Señor vuestras necesidades orando, suplicando y dando gracias.   Y la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos por medio de Cristo-Jesús.»

¿No es precioso? Creo haber hablado ya de la alegría en muchas entradas, y es que es un tema súper  recurrente. Dice la madre Teresa-¡santa!- que «sin alegría no hay amor, y el amor sin alegría no es verdadero amor.» Por eso me  gusta tanto este texto. Porque creo que el amor es la fuerza que mueve el mundo. Y sin alegría no es nada. Y encima nos dice San Pablo que mientras permanezcamos alegres y compartamos esa alegría, tenemos asegurada la paz. ¡Maaaadre mía! ¡Anda que no tenemos motivos para estar alegres!

y III

Aquí va la tercera y última parte de mi escrito sobre la paciencia. Me encanta descubrir que ahora pienso exactamente del mismo modo que hace más de veinte años. O¿ quién sabe ? Tal vez Dios me quería ayudar inspirándome-como yo creo- para escribir estas palabras y que siempre las cumpliera, siguiendo sus propuestas de amor y humildad.

Pero por favor, no creáis que yo creo haber alcanzado estas virtudes. No. Las aconsejo. Si bien es fácil predicar con el ejemplo, no es ese mi caso ¡ojalá lo fuera! Yo tan sólo predico con el ejemplo de Dios. De lo que estoy segura  es que es un ejemplo a seguir -y Dios quiera que para vosotros también-, y por ahora, para mí, eso es lo que es: el mejor ejemplo.

Qué piensas que es mejor, un momento de discusión que vuelva a repetirse día tras día y que cada vez te resulte más difícil de controlar, y  probablemente el día menos pensado te haga estallar, o bien un intento de buscar la paz a través del diálogo, o si éste parece casi imposible, a través de su contrario, el silencio? Te doy mi palabra de que funciona, de que no te convierte en una persona más débil, sino, muy al contrario, en alguien mucho más sensato, infinitamente más fuerte y desde luego, mucho más feliz ¿No es la felicidad lo que todo el mundo busca? ¡Pues fíjate qué manera más fácil de empezar a encontrarla!

II

Aquí os dejo la segunda parte de mi búsqueda personal de la paz. Aún la sigo buscando, pero puedo asegurar que desde luego la paciencia me ha ayudado muchísimo.¿

 

Seguro que, igual que a mí, hay mil cosas que te ponen de los nervios, situaciones que, sin que sea esa tu intención, se te van de las manos y al final o tú o alguien, acaba pasándolo francamente mal. Todas estas cosas te irritan sobremanera y, lógicamente, te acabas poniendo en un estado muy lejano a la paz ¿y qué ganas con eso? O bien no consigues lo que quieres y te pones de mal humor, o bien lo consigues, tras una discusión en la que casi siempre dices cosas que no quieres decir, y todo eso acaba por no dejarte disfrutar de lo que sea que hayas conseguido finalmente. Y digo yo, si “tragas” de vez en cuando qué  pasa? Pasa que muchas veces pierdes la “contienda”, pero a cambio ganas mil cosas: tranquilidad, respeto, autoestima, en una palabra, paz.

 

La paciencia

Pienso que la paciencia es fundamental para Caminar. Por eso quiero compartir con vosotros estos pensamientos que, acerca de esa gran virtud, redacté en mis ya conocidos escritos.

y, por supuesto me sigo asombrando -como siempre- y doy gracias a Dios por dejarme sentir entonces, y permitirme seguir sintiendo ahora, los efectos maravillosos de tan grande virtud.

Aquí os dejo la introducción, pues he preferido dividirlo porque es largo.

 

Creo que, sin  lugar a dudas, una de las virtudes que más nos pueden ayudar a encontrar la paz, es la paciencia. Yo sé muy bien de qué te hablo, porque he sido una persona terriblemente impaciente – y aún me falta mucho camino por recorrer, pero lo sigo intentando -. Sé que es una empresa difícil, pero también sé que no es imposible, y también sé que a medida que vas ganando un poquito más de paciencia, el camino se hace muchísimo más fácil. Yo misma he conseguido bastante paciencia gracias a lo mismo que buscaba. Quiero decir que para encontrar paciencia hay, precisamente, que ser muy paciente.

 

 

¿montamos en bici?

No es lo mismo estar sintiendo alegría, que hacer sentir alegría. El fin es el mismo, y sin embargo son bien distintas. Desde luego, el que siente alegría tiene fácil   hacer que los demás también la sientan. Pero lo verdaderamente curioso es que aunque uno no la sienta, sí que puede conseguir que los demás lleguen a sentirla.El secreto está en las bicicletas; una vez que aprendes a montar en bici, ya nunca se te olvidará. La alegría es igual, y como las personas en su mayoría han sentido alguna vez alegría, han de saber darla,  aun cuando menos  ganas tengan. Porque es como montar en bici, quedamos. Lo difícil a veces está en las ganas. Con la bici es lo mismo, si no te ape nada, por mucho que te acuerdes, ni siquiera querrás intentarlo. Te faltan ganas. Y para  eso sólo hay un remedio: fuerza de voluntad. O bien empujoncito.  Siempre habrá un amigo que te diga ¡eh, venga, monta conmigo, anda, para que no vaya solo! Pues en la alegría tenemos muy fácil encontrar ese amigo. Se llama Dios. Y no quiere ir solo. Acompáñale. Pídele fuerzas y verás que te las da. Pero no dejes de pedir. Ten FE y llegarán. ¿Y sabes lo mejor de la historia? Que al ver que «pedaleas» a su lado, Dios se sentirá alegre y te transmitirá esa alegría. Ya verás.

¡¡Qué suerte tenemos!!

Primero de todo, quiero pedir perdón por no haber escrito nada en tanto tiempo. Pero creo tener unas razones dignas: mi padre falleció el día de Nochebuena -ahora lo veo un día maravilloso para irse con el Señor, Él llegaba y papá partía. -lo  cual me entristeció por partida doble: la pérdida de mi padre, y la época en que se fue, Navidad, siempre alegre y esperanzadora, y de pronto oscura y desconcertante. Luego me marché a Luarca, donde nació,  para su entierro en su Asturias, patria querida. Por último me fui de viaje. Era un viaje programado meses atrás, y pensamos que papá querría que fuéramos. Además él estuvo conmigo todo el tiempo y pudo disfrutar, como yo, las maravillas de Marrakech, a dónde fui.  Y precisamente esto me hace pensar…¡qué triste debe ser para los no creyentes la pérdida de un ser querido!. Para ellos se va…y ya. No se ven acompañados por él, ni jamás se alegrarán de su nueva y gloriosa vida. Nunca pensarán en que se reencontrarán un día, ni podrán disfrutar más que de su recuerdo, Yo, al igual que todos los Cristianos, tengo la suerte de poder recordar siempre su glorioso pasado, y además, tengo el  inmenso honor de tenerle como acompañante y ángel de la guarda -junto a mi querido hermano Miguel- durante toda mi vida.

Así que concluyo: ¡qué suerte tenemos, hermanos!