M H II

…Actualmente, claro.

Porque no creo que entonces pensara lo mismo. Bueno, de hecho,  no creo que los primeros años tuviese tiempo –ni fuerzas-  para pensar nada ya que debía recuperarme a marchas forzadas, que me quedé hecha un higo. Fue todo tan repentino que ni me di cuenta. Sólo recuerdo hechos puntuales, momentos lúcidos en que notaba que todo era distinto. Y no me gustaba. ¿Y entonces cómo sé todo esto? ¿Cómo puedo decir que fue un cambio para mejor? Pues lo fue. Ahora lo sé  Pero ¿Cómo? Pues por algo que ya conocéis: mis escritos. Digo yo ¿Cómo podía escribir unos pensamientos tan razonados, tan positivos, cuando mi mente estaba tan borrosa?  ¿Cómo? Pues yo lo tengo muy claro. Fue Dios quien me ayudó a escribir. Él me dio las fuerzas que entonces no tenía. Y esto lo digo sencillamente porque no se me ocurre otra explicación, ¡Ah! Y además lo sé porque escribí que Dios  me estaba ayudando. Pero os prometo que no lo consigo evocar.