¡Ni 2000 años!

Hoy de nuevo leo una lectura digna de comentar. Su autor es nada menos que el discípulo más querido de Jesús, Pedro, llamado primer Papa en la tierra, honor que le concedió el propio Mesías.

Pero no es esto lo que ha llamado mi atención, sino unas palabras que dice con tal vehemencia, que me hacen creer que es Jesús mismo quien se las revelara. Habla del Juicio Final, en el que Dios es  fiel a su promesa: los buenos se salvarán y los malos se condenarán. Pero las palabras en cuestión son éstas:

«…en los últimos días vendrán hombres…os preguntarán: ¿en qué ha quedado la promesa de su venida?………..

Queridos hermanos…para El Señor un día es como mil años. y mil años como un día…El Señor tiene mucha paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca sino que todos se salven.»

Y claro, para eso……ni mil, ni dos mil años. Pero ¡ojo! que la promesa sigue ahí. Y el día llegará…

 

Y otro más!!!!!!!!!!!

Hoy leo otra lectura interesante, y me sorprendo aún más que con la anterior -de Juan Crrisóstom0- porque ésta fue escrita siglos antes:  San Bernardo de Carvajal, obispo del s.XII,  dice en uno d sus sermones algo que ya sabemos, y por desgracia muchos no practicamos: dice que más vale la humildad que la soberbia. Pero lo chocante es el ejemplo que pone. Dice que cuando un hombre atraviesa una puerta, por muy bajita que sea ésta, si se agacha lo suficiente, siempre pasará. En cambio si el hombre quiere pasar bien erguido, incluso aparentando ser más alto de lo que es, se dará un solemne COSCORRÓN .
¡Y yo que pensaba que cuanto más  antiguos, mas seriotes…Pues a razón de lo leído, va a ser que no!
Y es que de todo hay en la viña del Señor. Y nunca mejor dicho.
PD   aquí os dejo una linda frase de S.Bernardo. Parece algo retorcida, pero bien meditada es una maravilla

 

“El que se llega a leer, no busque tanto el saber, cuanto el sabor y gusto de la voluntad.”

San Juan Crisóstomo

San Juan Crisóstomo fue un santo nacido en Antioquia en el s.IV. Fue un padre de la iglesia famoso, ya en vida,  por sus discursos y sus homilías. Y yo comprendo su fama. ¿por qué? Pues porque leí hace poco una homilía suya sobre la primera carta a Timoteo que era una invitación a la oración. Y cuál sería mi sorpresa cuando, después de haber leído a muchos santos de su época, algunos más amenos, otros menos, pero casi todos serios y centrados en la religión. Sin embargo leo en Juan algo que me saca de la rutina: Cuando cita al Apóstol y dice de éste que incita a orar, no sólo por los que queremos sino también por los que nos hieren, lo explica con una historia llana y sencilla:  Habla de un padre que lleva en brazos a su bebé querido, y cuando éste, jugando, le propina manotazos, lejos de regañarle, tendrá la misma devoción y el mismo amor que sentía y seguirá sintiendo por él .

Pues bien , con esta graciosa anécdota corrobora Juan las palabras del santo.  A mí me recuerda a las parábolas que Jesús decía al pueblo para que le entendiera.

Por eso la fama de Juan no me sorprende.

 

 

 

 

Mi Camino

El Señor soberano es mi fuerza  / Él me da piernas de gacela /  y me hace caminar por las alturas

Estas palabras pertenecen a uno de los muchísimos salmos que se han escrito para aclamar al Señor. ¿Y por qué me detengo en este? Porque son estas palabras precisamente las que dan motor a mi vida y me proporcionan fuerza y alegría. Fijaos, aquí en la tierra no puedo caminar bien, pero con la fuerza del Señor, no sólo lo haré  bien, sino como una gacela. Y el salmo no dice me dará, dice me da. Presente. Ahora. Bien.¿ Quién cree que ya tengo esa fuerza? Yo. Y tú, si lo  meditas. ¿Qué es lo que hago yo?  Un Camino. ¿Y qué se hace en un camino? Caminar. Y mil veces me siento como una gacela surcando las alturas -y las bajuras también ¡eh!-.Y claro ¿Cómo no me va a dar alegría todo esto? Y contagiosa. ¿A que si?