el impulso

Estoy leyendo «El Peregrino Ruso». Me lo regalaron hace tiempo, pero no sé porqué, abandoné su lectura hasta hoy. Trata de un peregrino que logra, tras mucho indagar, el don de orar continuamente. Su director espiritual le advierte que no pierda su buena costumbre -que no baje la guardia, que diríamos hoy en día- y se lo explica del siguiente modo:

«…Sucede como con una máquina: si se da un gran impulso a la rueda principal, la máquina sigue trabajando largo rato por sí sola; pero para que luego continúe moviéndose, es necesario volverla a impulsar e irla manteniendo para que funcione.»

¡Cuánta razón tiene este autor -anónimo-! Si tenemos un don, es decir un regalo de Dios, como puede ser simplemente amarle -piensa que muchas personas no tienen la suerte que tenemos tú y yo queriéndole-, si lo tenemos, démosle impulsos diarios para nunca perderlo. ¿Y cómo? muy sencillo. Cumpliendo  cada día ese don. Amar. Amar a Cristo. Amar al prójimo. Simplemente, cumpliendo Su palabra.

 

ME SACIARÁS

ME SACIARÁS DE GOZO EN TU PRESENCIA

¡Cuántas veces habré escuchado esta frase! forma parte de un canto que solemos proclamar mucho en mi comunidad. Se trata de una canción que alaba al Señor, y a mí me parece muy bella.

Pero hasta el día de hoy yo no había visto nada más allá. Sin embargo, esta mañana al leerla dentro del contexto de un himno, Dios me hizo recalcar su belleza. ¿No es fantástico que a estas alturas de la vida podamos maravillarnos con algo tan simple como una frase? Creíamos que esta virtud sólo la tenían los niños, que contemplan extasiados cualquier cosa que para nosotros es una nimiedad. Bueno, pues no. Resulta que Dios hace esos regalos.. Hoy me lo hizo a mí.

Esa frase tiene una cadencia musical extrema: me saCiaras de goZo en tu presenCia….una melodía preciosa. Y luego el significado es grandioso: Nos va a saciar de gozo, osea que seremos felices hasta decir basta. Y encima estará Él, Le veremos!!

Creo que tenemos mucha, mucha suerte.

La Autodestrucción

Ayer tuve ocasión de escuchar en una asamblea-donde sabemos que Dios está y nos escucha- una lectura muy interesante. En ella decía el apóstol Pablo a sus hermanos corintios que quien destruya el templo de Dios, será destruido a su vez por El Señor. Y a continuación recalca que NOSOTROS somos ese templo.

¿No os parece raro que el hombre quiera destruirse a sí mismo? Parece bastante ilógico, si. Pero por desgracia, creo que muchas veces nos autodestruimos sin ser conscientes. O incluso siéndolo, que es peor.

Menos mal que siempre tendremos la misericordia de Cristo que, con nuestro arrepentimiento sincero, nos salvará.

 

El aposento

Hoy San Ambrosio me ha solventado una gran duda que tenía yo desde hace tiempo; cuando El Señor nos dice que debemos ser humildes al rezar, nos anima a no hacerlo «a bombo y platillo» para que todos digan ¡qué bueno es, mira cómo reza!. No. Él prefiere que  cuando oremos lo hagamos en la soledad de nuestro aposento, donde será Dios quien nos vea y se alegre. Todo esto está muy bien, pero pensaba yo: ¿es que acaso es mejor rezar en una habitación? Y aquí es donde el Santo me ha ayudado. Efectivamente nuestro aposento es un cuarto, pero no es esto lo que dice Jesús. Él se refiere a nuestro «aposento» interior, el que tenemos en nuestra casa interior, en nuestro corazón. Y a ese aposento podemos ir cuando nos dé la gana y donde sea. Y Dios nos escuchará y se alegrará siempre.

 

Sólo nosotros

Sólo nosotros podemos cambiar las cosas.

Ésta es la razón por la que dijo Don Ricardo (entrada de blog: ¿milagro o realidad?) que el milagro está en nosotros. Y añado yo, y a nuestro alcance. Sólo tenemos que ofrecer nuestra mano bien abierta y tal vez nos sorprenda ver qué de sonrisas recibimos a cambio. Y si, gracias a ti, y a todos los que siguiéramos este consejo, el mundo entero tuviera un motivo para sonreír, entonces, y sólo entonces, lo tendríamos todo. Pero claro, motivos hay muchas veces bastante pocos, así que hay que ponerse las pilas y empezar a crearlos. Yo, por lo menos, estoy decidida a intentar hacer algo: empiezo con esto. Y tú ¿a qué esperas?

 

 

¡Hoooola!

Ya volví. Pero todavía tengo la cabeza en Marbella. Y no quiero decir con esto que añore la playa -bueeeeeno, un pelín si- sino que verdaderamente mi cabeza, así como todo mi cuerpo, siguen pensando que están en Marbella. Y claro, me está costando el oro y el moro convencerlos de que ya estamos aquí.

Pero bueno, lo primordial es que, aunque me sienta un poco aturullada, si puedo contaros algo: y es que Dios es maravilloso. ¿Ya lo sabíais verdad? pero es que a mí, en esta vorágine de sensaciones contradictorias y movimientos involuntarios, Él nunca me ha abandonado, pidiéndome paciencia y dándome las fuerzas para hacer todo, y hacerlo con alegría. Y me repite sin cesar que nunca me dé por vencida. Y en ello estoy.

Pase lo que pase, ¡¡¡nunca nunca nunca, debemos tirar la toalla. Nunca!!!