¡Hermoso!

Estate, Señor, conmigo                     Llévame en tu compañía

siempre, sin jamás  partirte,            donde tú vayas, Jesús,

y cuando decidas irte,                          porque bien sé que eres tú,

llévame, Señor,  contigo;                    la vida del alma mía;

porque el pensar que te irás               si tú vida no me das,

me causa un terrible miedo,              yo sé que vivir no puedo,

de si yo sin ti me quedo,                      ni si yo sin ti me quedo,

de si tú sin mi te vas.                            ni si tú sin mí te vas.

Por eso, más que a la muerte,

temo, Señor, tu partida

y quiero perder la vida

mil veces más que perderte;

pues la inmortal que tú das

sé que alcanzarla no puedo

cuando yo sin ti me quedo,

cuando tú sin mí te vas. Amén.