Como un niño

Señor, inclina tu cielo y desciende

¿N0 me digas que no es una idea bonita? Me lo imagino, como en un tobogán, bajando como un niño. Él, tan tranquilo allí arriba, disfrutando de la gloria de los suyos, de pronto oye la llamada que tanto espera, se levanta, inclina el cielo, y ¡¡¡ziuuuu!!….. viene a salvarnos. ¿Guay eh?

Pero para que oiga bien nuestra llamda, debemos llamar ¡bien  fuerte!