REFLEXIÓN Y FELICIDAD

¡Qué suerte tengo de que estos sean los dos pilares  de mi vida! las fuerzas motoras que me hacen tirar p´alante. Pero vamos, que no es tan fácil como parece. Hay mucha chicha dentro. Para empezar, la reflexión en estos tiempos no es particularmente buena. ¡Y menos mal que yo soy positiva! Algo que tengo clarísimo es que el demonio está haciendo su agosto en el mundo. Porque vamos, si no es por él, yo no puedo explicarme tanta atrocidad, no puede ser que sea hecha únicamente por la mano del hombre. De hecho, soy una convencida de que todos los hombres podríamos ser buenos si no estuviéramos corrompidos. Pero claro, si nos ponemos a hablar de corrupción…

En fin, que lo que es yo, concentro mi reflexión lo más que puedo leyendo la Palabra de Dios, que es la única reflexión, para mí, auténtica.  Y precisamente de esta reflexión me llega la felicidad. Me explico: cuánto más la leo, más explicación le doy a la situación actual del mundo. Y aunque lógicamente no me agrade, sí que hallo una Paz enorme cuando, una y otra vez, siento la misericordia de Dios, y le escucho pidiéndome que le ame, que ame a los demás, y de pronto ¡pum! me pongo a hacerlo y…¡oye, que soy feliz! ¡Qué es cierto! Resulta increíble que algo tan sencillo dé la felicidad,  y no sólo la mía.. .Pero si, y además creo ser más alegre, sentir con más fuerza los momentos buenos, y afrontar con mayor tranquilidad los malos…y tal y como está el patio, solo puedo dar  gracias por ello.