Cap 41

Dit le cogió de las manos, y vio que tenía entre ellas una cadena de oro con un medallón que estaba abierto mostrando la foto de un hombre y una mujer que por la edad y el parecido con él, bien podían ser sus padres.

_“Dime, ¿qué te preocupa?”

_“Bueno… supongo que te has fijado en el medallón… son mis padres. Ayer recibí noticias de una tía mía contándome que mis padres están  llevando vidas separadas junto a otras personas desde hace meses. ¿Te das cuenta?”

calló y de pronto volvió a repetir:

_“¿Te das cuenta? Es ella quien me lo dice. Mis padres no me han contado nada. Mi madre me escribe con frecuencia, y nunca me ha hablado de ello, nunca. Siempre imaginé que oficiaría las bodas de plata de mis padres. Les quedaban pocos años para cumplir veinticinco años de matrimonio. Era mi sueño y ahora…”

Cap 40

Los niños les llenaban de besos, y eso hizo que casi olvidaran todo lo que habían trabajado.

Cuando por fin hubieron terminado, Dit, vigilado de cerca por Miguel, se dirigió a su pequeña capilla. Entró por la puerta abierta y rápidamente se percató de que no estaba solo, dentro se escuchaban unos sollozos. Se acercó al altar, momento que Miguel aprovechó para tomar asiento en el último banco. Dit   carraspeó para avisar al chico de su presencia.

_“Perdona, no quise asustarte.”

_“No me has asustado.”

_“Si prefieres estar solo, me iré.”

_“No, quédate por favor.”

Casi parecía una súplica.

_“Necesito la compañía de alguien.” Y las lágrimas volvieron a inundar sus ojos. Dit se acercó y se sentó a su lado. Miguel, desde el fondo, prestaba la máxima atención. El muchacho parecía verdaderamente triste

Cap 39

_“Lo siento Jon. No quise decir eso. Supongo que será bueno para Dit trabajar con los otros, tal vez eso les ayude a conocerse mejor.”

_“¡¡Seguro!” Exclamó el Padre. “Seguro que al mezclarse con los demás, descubrirá que son chicos humildes como él, y se harán amigos.”

“Claro” dijo Don Julio, disimulando una sonrisa ante la afirmación de Jon acerca de la humildad de Dit.

El padre y Miguel salieron y, lejos ya del despacho, se felicitaron mutuamente por el buen resultado de su misión.          

Trabajaron duro. Pero fue muy satisfactorio, pues todo quedó muy bien. Todos estaban contentos con el resultado, y los chicos del hospicio, sobretodo los más pequeños, no dejaban de agradecer a los seminaristas por su trabajo.

Cap 38

_“Está bien, tendrás a tus chicos.”

_“Gracias.”

Y  volviéndose a Miguel le dijo:

_“Miky hijo, creo que ayudaste a tu tío en las labores de reconstrucción de tu iglesia. Serías de gran ayuda.”

_“Por supuesto, iré encantado. Y si no es demasiado atrevimiento, aconsejaría que también fuera un joven seminarista que se llama Dit. Me he fijado que es de composición fuerte, y creo que le sería útil.”

_“Si el director lo permite, Dit vendrá. Vivía en el hospicio y ayudó cuando hubo que reconstruir la capilla, y…”

_“¡Que si, Jon, llévatelo! Así estaremos tranquilos por unos días.”

El Padre Jonás no pudo evitar una mueca de disgusto ante el comentario de su amigo, y éste, notándolo, le pidió rápidamente disculpas.

Cap 37

El padre Jonás se frotaba las manos nervioso. Lo que estaba diciendo no era mentira. ¡No señor! Dios sabía que era bien cierta la necesidad de reconstruir las viviendas de sus chicos. Pero no era eso. Lo que le mantenía inquieto era la finalidad de todo eso. Era buena, él lo sabía, pero a la vez le estaba escondiendo a su amigo el verdadero motivo de su visita. Pero bueno, pensó, no hago nada a espaldas de Dios, y además Él sabe por qué lo hago, y además…

_“Pero bueno, ¿me vas a contar o no qué es lo que quieres?”

_“Bueno, quisiera llevarme a algunos de tus seminaristas para que me ayuden con la construcción de las viviendas. Yo sé, porque tú mismo me lo has comentado, que muchos de los jóvenes que estudian aquí tienen nociones de carpintería… y los chicos del hospicio no… ya sabes que la mano de obra es cara. De veras, Julio, te agradecería tanto si…”

Cap 36

El padre Jonás y Miguel se dirigían hacia el despacho del director. Estaban algo nerviosos. Del resultado de esa visita dependería el éxito de su plan. Entraron. Miguel, cargado de libros, fue directo a la mesa. Mientras, el Padre se dirigió a Don Julio.

_“¿Sabes? Te tengo que pedir un favor.”

El director, de espaldas al Padre, arrugó el ceño, pero deprisa cambió su semblante, y con una sonrisa, se volvió hacia su amigo:

_“¿De qué se trata?”

Miguel hizo ademán de marcharse pero, todo de acuerdo con sus tramas, el Padre le paró.

_“Quédate un momento por favor. Quisiera conocer tu opinión acerca de un asunto..

Mira Julio, ya sabes que en el hospicio hay desde hace tiempo varias casas que están a punto de desmoronarse. Hasta ahora hemos ido aguantado pero creo que ya urge el arreglo.”

Cap 35

_“Bueno, creo que ya no es necesario buscar nada.”

Fueron todos al seminario y cuando le contaron la historia a Don Julio, también le sorprendió lo ocurrido.

_“Sin embargo” dijo extrañado, “no acabo de entender cómo pudo hacerse un agujero en la pared.”

El hombre sonrió:

_“Eso tiene fácil explicación. El párroco fue quien me dijo, nada más construir la pared, que hiciéramos un agujero para que pudiera entrar el aire y ni el lienzo ni las piezas se estropearan demasiado, porque estaba seguro de que alguien que supiera apreciarlas, las encontraría algún día.”

_“¡Y tenía razón!” El que habló  fue el Padre Jonás, “¡Claro que si, ha sido todo un hallazgo! Propongo que limpiemos las copas.”

          Esa noche, en su habitación, Miguel se tumbó en la cama. Su compañero dormía profundamente. Cerró los ojos. Empezó a imaginar cómo sería aquel hombre tan maravilloso que prefirió morir antes que ver destruida la morada de Dios.

“Hiciste como Jesús: moriste para salvar lo que tanto amabas…”

Con ese pensamiento, se durmió.

Cap 34

Yo lloraba como un niño.

Unos cuantos hombres disfrutaban sacando fuera los muebles y quemándolos. Pero de pronto, nuestro jefe, mirándoles, vociferó:

_”¡Dejadlo, vámonos!”

Fue un milagro. Mi amigo había conseguido lo que él quería a costa de su propia vida. Yo fui encerrado. Tuve suerte y logré escapar. Pero tuve que marcharme lejos para que no me encontraran. Me había convertido en un desertor. No podía regresar. Cuando terminó la guerra, estaba bien instalado en otro lugar, y la idea de volver no me resultaba atractiva. Pero hace poco perdí mi trabajo y me planteé regresar. Es por eso que no me conocen. Espero que ahora me entiendan. Y me perdonen…”

Tras un corto silencio, el Padre dijo:

Cap 33

A punto estaba el señor Molín de ofrecerle un vaso de agua, cuando repentinamente levantó la cabeza, e imitando el vozarrón de su superior, gritó:.

_“¡Di tus últimas palabras, cura!”

Él, con todos los fusiles apuntándole, me miró, y dijo:

_“¡Perdóname! No quise mentirte, pero era el único modo de que te fueras. Volví y hablé con Dios, le expliqué por qué te había engañado. Me perdonó… ¡No debiste abrazarme! Ahora tú tampoco te salvarás.”

Y volviéndose al jefe, le espetó:

_“Máteme si quiere. No me importa. Con Dios voy. ¡Pero no se atreva a quemar mi iglesia! Le aseguro que si lo hace, yo le veré desde el cielo, y no cesaré hasta verle arder en el infierno por haber  profanado la casa de Dios.”

_“¡Fuego!”

Yo lloraba como un niño.

Cap 32

El chaval exclamó:

_“¿Eso crees, eh?”

Le agarró por la sotana echándole hacia fuera, a la vez  que él se apartaba también. Mi amigo sonreía. Aquello era justo lo que él quería. Pero cuando colocaron al pobre cura en el muro para fusilarle, no pude aguantar más. Grité _“¡Nooo!” y corrí a aferrarme a  él. Me había delatado…”

Bajó la cabeza llorando. Miguel también lloraba. En un gesto instintivo se acercó al hombre y le puso la mano en el hombro para compartir su dolor. Sonrió y continuó.

_“El hombre que estaba al mando me agarró y me arrojó a un lado mientras gritaba que era la vergüenza del grupo, que como castigo iba a ver morir a mi amigo, y que después vería lo que hacía conmigo.”

El recién llegado hizo otra pausa. Lloraba de nuevo.