Así: tangible, humano, fraterno. Ungir tus pies, que buscan mi camino, sentir tus manos en mis ojos ciegos, hundirme, como Juan, en tu regazo, y -Judas sin traición- darte mi beso. Carne soy, y de carne te quiero. ¡Caridad que viniste a mi indigencia, qué bien sabes hablar en mi dialecto! Así, sufriente, corporal, amigo, ¡cómo te entiendo! ¡Dulce locura de misericordia: los dos de carne y hueso! Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Amén.

Cap. IV final y cap. V ppio.

Pero una cosa está clara, y es que hasta que no te duela el alma, no querrás de verdad llegar a estas conclusiones. Que son precisamente a las que he llegado yo, para darme cuenta al fin de un montón de cosas que siempre han estado ahí, pero que hasta que no me “dolieron” en serio, no les hice demasiado caso.

CAPÍTULO 5

 A estas alturas de mi historia, quiero que quede bien claro que si yo te estoy contando todo esto, no es sólo porque crea en ello, sino también y sobretodo  porque a mí me ha pasado y creo que a ti también podría pasarte, y también porque creo que es algo bueno, y las cosas buenas que le pasan a uno merecen ser compartidas ¿no?

Dicho esto, continúo.

Cap. IV 5

si te pica la curiosidad, si te entra el gusanillo de  querer saber si tu amigo tiene o no razón, y en caso afirmativo disfrutar de algo que tanto te gusta, seguro que te levantas y vas ¿a que si? Aunque vayas pensando en que no va a merecer la pena, puede que te lleves una sorpresa. Pero desde luego si no vas, no lo sabrás nunca. Ese “gusanillo” son las ganas de conocer la  verdad, de conocer en serio ese sufrimiento –que no está tan lejos- e intentar mitigarlo. Así verás que tampoco es complicado encontrarlo en uno mismo. Lo triste es que olvidarnos de ese dolor resulta demasiado fácil… pero todavía más fácil, creo yo, es la solución: mira bien a tu alrededor, y verás que alguien, muy cerca de ti, te necesita, y tú, con  tu consejo, tu apoyo, incluso sólo con tu compañía, puedes ayudarle.

Tú que quisiste ser niño y fuiste colocado en un pesebre, — renueva en nosotros la sencillez de la infancia.

Reyes que venís por ellas, no busquéis estrellas ya, porque donde el sol está no tienen luz las estrellas. Mirando sus luces bellas, no sigáis la vuestra ya, porque donde el sol está no tienen luz las estrellas. Aquí parad, que aquí está quien luz a los cielos da: Dios es el puerto más cierto, y si habéis hallado puerto no busquéis estrellas ya. No busquéis la estrella ahora: que su luz ha oscurecido este Sol recién nacido en esta Virgen Aurora. Ya no hallaréis luz en ellas, el Niño os alumbra ya, porque donde el sol está no tienen luz las estrellas. Aunque eclipsarse pretende, no reparéis en su llanto, porque nunca llueve tanto como cuando el sol se enciende. Aquellas lágrimas bellas la estrella oscurecen ya, porque donde el sol está no tienen luz las estrellas. Amén.

Cap. IV 4

si un buen amigo tuyo, que sabe lo mucho que te gusta la pintura, te dice que acaba de estar en una exposición de un artista nuevo que parece muy prometedor y que, “¡es buenísimo y te va a encantar! ¡tienes que ir a verlo ya, que mañana termina!”. Puede que vayas entusiasmado, o simplemente porque tu amigo te lo ha dicho. Pero también puede que estés muy cómodo en tu casa y pienses: “ya iré mañana” y al día siguiente ni te acuerdes, y cuando por fin lo hagas, ya sea demasiado tarde, y te consueles pensando que la exposición igual no era tan buena. Total como NO LO SABES no vas a sufrir demasiado. Pero todavía queda una tercera posibilidad:

Feliz Noche de Reyes

Entonad los aires con voz celestial: «Dios niño ha nacido pobre en un portal.» Anúnciale el ángel la nueva al pastor, que niño ha nacido nuestro Salvador. Adoran pastores en sombras al Sol, que niño ha nacido, de una Virgen, Dios. Haciéndose hombre, al hombre salvó; un niño ha nacido, ha nacido Dios. Amén.

CAP.IV 3

Te pongo un ejemplo: si un buen amigo tuyo, que sabe lo mucho que te gusta la pintura, te dice que acaba de estar en una exposición de un artista nuevo que parece muy prometedor y que, “¡es buenísimo y te va a encantar! ¡tienes que ir a verlo ya, que mañana termina!”. Puede que vayas entusiasmado, o simplemente porque tu amigo te lo ha dicho. Pero también puede que estés muy cómodo en tu casa y pienses: “ya iré mañana” y al día siguiente ni te acuerdes, y cuando por fin lo hagas, ya sea demasiado tarde, y te consueles pensando que la exposición igual no era tan buena. Total como NO LO SABES no vas a sufrir demasiado. Pero todavía queda una tercera posibilidad:

Cap. IV 2

Soy de la opinión de que el hombre tiende a la bondad, luego si se decanta por la idea incorrecta, puede ser porque no esté suficientemente informado –sin ninguna duda, me incluyo en este grupo-, y no sólo me estoy refiriendo a conocer o no unas cifras determinadas, sino a conocer la verdad (no hablo, por supuesto, de la verdad que miramos con los ojos a través de los medios de comunicación, sino de la verdad que miramos con el corazón), una verdad que vemos de modo tan lejano que nos resulta demasiado desconocida para poder defenderla. Todos nos protegemos del mal cercano ¡claro! Pero ¿hacemos siempre lo mismo con el que está lejos? Visto así, parece una idea algo liosa, pero no lo es.

Cap. IV 1

CAPÍTULO 4

Bueno, esto es exactamente lo que yo siento, lo que todos podemos sentir cuando nos duele el alma. Lo único que hace falta es que nos duela de verdad, y te repito que es un dolor que sale a la superficie sólo si tú quieres y, sobretodo, cuando sufres, cuando ves sufrimiento. Desgraciadamente, hoy en día no es difícil encontrar ese sufrimiento en el mundo. Ahora bien, ante él se pueden adoptar dos actitudes: la primera consiste en hacer poco o ningún caso del sufrimiento de aquéllos que- por decirlo burdamente- sólo nos tocan de lejos. La segunda puede resumirse en una sencilla palabra: SOLIDARIDAD. Esta última es la que todos debiéramos practicar, y sin embargo tendemos muchísimo más hacia la primera actitud. Y ¿por qué?